Habla el director de ‘The Post’, que recrea la filtración de documentos del Pentágono sobre Vietnam.

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En febrero del 2017, Steven Spielberg estaba inmerso en la posproducción de ‘Ready Player One’, película de ciencia ficción que produjo y dirigió, cuando llegó a sus manos el guion de ‘The Post’.
Era el polo opuesto de lo que estaba haciendo. Se trataba de un texto sobre un hecho histórico, la filtración de los documentos del Pentágono sobre la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, con una figura femenina como eje: Katharine (Kay) Graham, la editora del ‘Washington Post’ que desafió al gobierno Nixon y apoyó la decisión del editor ejecutivo, Ben Bradlee, de publicar esta información confidencial, a pesar de una orden judicial contra el ‘New York Times’ por haberla sacado inicialmente.
El guion de Liz (Hannah), la premisa, su estudio crítico y en especial su hermoso retrato de Graham me llevaron a decir: ‘Puede que esté loco, pero creo que voy a hacer otra película en este momento’ ”, contó el director, ganador de tres premios Óscar, incluido uno honorífico.
En cuestión de días eligió un reparto de lujo encabezado por Meryl Streep (Kay Graham) y Tom Hanks (Ben Bradlee), convenció a su equipo de producción de dejar otro proyecto en Italia y regresar a Estados Unidos, y para mediados de año ya estaba en White Plains y Brooklyn, Nueva York, rodando la cinta, que se estrenó en diciembre.
El director estadounidense habló con un pequeño grupo de medios sobre la necesidad de hacer esta película en momentos en que la polarización política en su país y el antagonismo de Donald Trump con la prensa dominan la conversación, junto con un renovado movimiento feminista contra los abusos de hombres en posiciones de poder. Estos son apartes de la conversación.
Hay que entender que esta película no es solo sobre el poder de la prensa y cómo el público merece saber la verdad. Es una historia sobre el feminismo, lo difícil que era para una mujer ser la cabeza de una compañía en 1971, cuando te sentabas en una sala de juntas con personas que tenían que rendirte cuentas y todos los hombres te ignoraban y miraban al hombre sentado en la silla contigua. Es una de las razones por las que hice esta película, porque también se trata de la verdad de las mujeres, que no solo están luchando por encontrar su voz, sino que están siendo menospreciadas por hombres en posiciones de poder. No voy a decir que hoy sea mejor o peor, pero sucedió algo decisivo: muchas decidieron hablar sobre lo que les sucedió hace 40 años o hace 40 minutos. Hay un tremendo sentimiento de liberación al decir la verdad sobre el abuso sexual.