Julieta, su más reciente producción, no fue bien recibida por la audiencia española.

Agencias.

A Pedro Almodóvar le encantan los colores, dentro y fuera de sus películas. Por eso no extraña que aparezca en la entrevista con una camisa polo amarilla brillante de Louis Vuitton y deslumbre a su alrededor.

A sus 65 años –que ya no le apena confesar–, Almodóvar sigue siendo un hombre lleno de vida y carisma al que le gusta hablar y reír en las entrevistas.

Pocos meses antes del encuentro, el estreno de su película Julieta en España había sido agridulce, pues la taquilla y la crítica de su país no lo apoyaron como se esperaba. En Colombia la cinta ya va por su segunda semana.

El lanzamiento del filme coincidió con el escándalo de los Panama Papers, en cuya lista de personalidades que tenían dinero en aquel paraíso fiscal estaba su nombre. Su explicación en aquel momento fue que estaba al corriente de sus obligaciones tributarias y que todo fue parte de su inexperiencia.

Pero la crítica no fue tolerante y Almodóvar incluso canceló parte de la promoción de la cinta, que en su estreno recaudó 600.000 euros, la peor taquilla de sus historias en 20 años.

Leo pocas críticas, no soy bueno para ellas. No quiero decir que haya críticos peores o mejores, pero a veces, aunque lea la crítica de alguien que no tiene importancia, puede terminar hiriéndome. Entonces trato de no leerlas. Le pregunto a mi hermano o a mi equipo qué tal ha ido todo, y ellos me dicen: ‘bien’ o ‘cinco bien, una mixta, una mala…’ y con eso me conformo”, explicó sonriente al empezar la conversación.

Algo de lo que últimamente habla con recurrencia es de lo difícil que le está siendo hacerse mayor.

“Creo que todo influye en tu obra y yo, que no hago trabajos de encargo, que soy independiente, dependo de la inspiración para ponerme a trabajar. Todo lo que hago a lo largo del día, esta conversación probablemente, el cansancio, el mar que podemos ver ahora mismo, que esté vestido hoy de amarillo, el haber engordado y adelgazado otra vez, dormir bien o mal, haber visto a alguien anoche o no haberlo visto… Todo eso me influye, y en este sentido el paso del tiempo también”, dice.

“El proceso de la vejez ya ha empezado en mí, y me di cuenta hace dos o tres años. En mi caso se manifestó con un problema muy severo de ciática y esa experiencia del dolor, que era muy profundo, aunada a la soledad que he vivido en estos años y que está presente en Julieta”.

Durante la última década, el cineasta se aisló mucho: “En mi trabajo, el hecho de escribir, y sobre todo de corregir, porque escribir es corregir mucho (se ríe), necesita un tiempo de soledad y silencio, y lo que más me interesa en mi vida ahora mismo es escribir y rodar. Y eso lleva tiempo”.

No cree que la soledad sea lo mejor, reconoce. “No quiero convertirme en un misántropo”, por eso está recurriendo a sus amistades, para verlas más seguido y cenar con ellas.

“Y más ahora que me siento mucho mejor, pues pasé una época de muchas molestias, no podía sentarme por una operación en la espalda; padecí también muchas migrañas y me molestaban la luces, los ruidos… Era un ente antisocial. Pero ahora que todas esas cosas han desaparecido, voy a vivir un poquito más rodeado de gente, porque es cierto que he estado muy solo en los últimos años, aunque también es importante saber vivir en soledad”.

El cineasta explicó que optó por poner a dos actrices para dar vida a Julieta en dos edades distintas: Adriana Ugarte, en la juventud, y Emma Suárez, en la madurez.

“Desde el principio tenía claro que quería a dos actrices porque no creo en el envejecimiento con maquillaje. Es más fácil rejuvenecer”, sostuvo.