La protagonista de la última producción mexicana de Netflix describió cómo es trabajar con Manolo Caro en el último gran reto de su vida profesional

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La edad estipulada en México para retirarse son los 65 años. Verónica Castro llegó a esa cifra fumando marihuana, insultando y siendo infiel a su marido de la mano de su último personaje. La genial actriz mexicana interpreta a Virginia de la Mora en La Casa de las Flores, una producción de Netflix dirigida por Manolo Caro que obliga a la protagonista a salir de su zona de confort.
Verónica atendió a un puñado de medios de comunicación desde el dormitorio de Virginia, vestida con un traje celeste de dos piezas y una blusa marrón. Los reporteros no lo supieron en el momento, pero ése era el vestuario con el que estaba grabando el tercer capítulo de la serie. Una encargada de comunicación prohibió fotos a los presentes con el objetivo de preservar la confidencialidad (el encuentro tuvo lugar un año antes del lanzamiento oficial), pero Verónica encontró la manera de contentarlos a todos. Buscó una manta, se cubrió la ropa y la peluca con ella, y posó al término de la charla con los entrevistadores.
“Sos una genia”, le alabó un periodista argentino. Con esa humildad y sencillez por bandera, una de las actrices más importantes en la historia de México explicó uno de los retos más apasionantes de su carrera como si estuviera de vuelta en el escenario de un teatro. Hablar con Verónica Castro es como subirse a una montaña rusa: no para de moverse, juega con las pausas y te envuelve con el vaivén de sus manos y su mirada profunda.
PREGUNTA: Nos contó Manolo que le costó mucho convencerle para trabajar con él…
RESPUESTA: ¡Qué mentira! (se ríe) Para nada, nunca le costó trabajo. Fui yo la que estaba de arrastrada con él. Me fue a ver al teatro, nos saludamos y le dije que nunca me venía a ver, que nunca me saludaba… Y a partir de ahí empezamos a forjar una amistad. Un día le dije que llamaba a todo el mundo a trabajar. ¿Y yo qué? Nunca me das nada. ¡Dame chanda! Fui yo la que le pedí.
P: ¿Tenía ganas de volver?
R: Con gente como Manolo, sí. Volver a lo mismo de antes era demasiado fácil. Quería algo diferente. Quería que me dieran la oportunidad de futurear, como le digo a él. Y como esto es una futureada, pensé: “A ver si la viejita consigue llegar, y por lo menos acercarse a la pantalla de ellos”. Cuando me habló fue muy lindo. Fuimos a cenar después del teatro y me planteó una historia interesante y distinta. Me contó que mi papel sería diferente a lo que yo había hecho.
P: ¿Es el mayor desafío de tu carrera?
R: Sin temor a equivocarme te diría que sí. Voy para mis 70 años. ¿Qué más podría venir? Manolo me hizo revolcar el cerebro, mi forma de ser, la forma de vestir, de arreglarme… Y hasta de actuar. Estoy acostumbrada al teatro, soy aguda, uso las manos… En televisión tengo que bajar un poco. Todo es mucho más normal, todo hay que decirlo con mayor contención, sin manotear. Me ayuda porque el personaje tiene que estar contenido porque todo es un desastre. Continuamente le estoy preguntando a Manolo qué tengo que hacer.
P: ¿Qué diferencias advierte?
R: Todo. La manera de trabajar, la forma, el trato, los lugares… Es otro mundo al de la televisión. Ahí estás encerrada en un set durante horas y no sales. Acá ellos tienen locaciones muy importante y ves una cantidad de gente trabajando impresionante. Todo el mundo está en su lugar.
P: ¿En cuánto se identifica con su personaje?
R: Te voy a decir la verdad. El personaje es bien raro (se ríe). Cuando me dijo que iba a hacer algo diferente pensé; bueno, qué tan diferente puede ser una mamá. Pues sí, puede ser una mamá muy loca, tierna, esquizofrénica… El problema es que me sueltan todas las broncas a mí desde el principio. Yo en el primer capítulo estaba nerviosa, histérica. “Manolo, ¿qué es esto?”, le preguntaba. Yo siempre les digo que me den carnita para estudiar, prepararme el capítulo… Pues este me tiró el asador, la carne y todo en el primer capítulo (se ríe). Y le digo, y luego ¿qué va a pasar? ¡Me da un infarto en el primer episodio! A esta mujer no le pueden pasar más cosas. Tenía miedo de leer el segundo capítulo.
P: Pero a usted le ha pasado de todo en la vida
R: Sí, pero no en un solo día y en un solo capítulo (risas). La gente quiere ver la carne rápido, digerirla y tener más emoción e intensidad. Quieren todo muy rápido. La serie toca un tema que yo creo que le pasa a todas las mujeres y a las familias del mundo, ese sentimiento de “ay que no se sepa que mi marido la regó en tal cosa”, “ay, que no se sepa esto sobre mi mamá, mi hijo, mi primo, mi ahijado…”.
P: ¿Cree que eso en México es más común?
R: No, mi amor. Yo siempre he dado buenos ejemplos en la televisión (se ríe). Acá los ejemplos que doy no son tan buenos, es la vida real. Una señora que se las está viendo de colores. Va de cómo tapas todo lo que va mal en tu familia y querer cubrirlos en una burbuja para que no se sepa lo que hacen. Esta mujer la pasa muy mal. No es tonta, después de tantos años se da cuenta de que algo hizo mal en la vida porque los hijos salieron todos mal. Todo es un desastre, hasta yo termino siendo un desastre. Hablo mucho con mi mamá porque es mi confidente, y le contaba cosas que iba a hacer y me decía: “Por favor Verónica, no hagas esas cosas. Tú no puede salir haciendo eso”. Yo hablaba con Manolo y le preguntaba si estaba seguro. No paraba de decirme que no tuviera miedo. Yo lo hago como actriz, pero no sé cómo lo va a tomar la gente. A mí siempre me vieron con un papel de mujer determinado, pero aquí hago de todo. Soy tapadera de todos, soy una puerca también, hago mis cochinadas… Son cosas que perfectamente pasan en cualquier familia pese a que lo escondamos. La historia representa la manera de ser de Manolo, es ácida, intensa, pero esas torcidas son las que les encanta a la gente. Yo trabajo para el público, para distraerlo, entretenerlo y que se salga de sus problemas. Dentro de todo se van a divertir. Es una comedia ácida.
P: ¿Ve más cerca el final?
R: Cuando me salí de la otra empresa, pensé en parar. Venía con un ritmo muy alto de telenovelas, programas… Todo se volvía mecánico y no quería eso. Tenía que parar para ver qué hice, cómo lo hice y qué me interesa hacer. Lo que buscaba es que la gente viera que yo puedo hacer cosas diferentes. Me llamaron para programas, teatros, pero no era el momento ni la idea. Cuando salió lo del teatro yo la perseguí, y me dieron el personaje de la vieja y me encantó. Para mí es una de las historias musicales más importantes de la historia. Ahí fue cuando me pesqué a Manolo.