Esta semana se cumplieron 28 años desde el 7 de enero de 1991, cuando el sargento Manuel “Manny” Tapia Hurtado del Departamento de Seguridad Pública en Arizona, con base en Nogales, recibió un disparo durante la persecución del sospechoso de tráfico de drogas, Noel Bernal González de 18 años, que huía en un automóvil en Nogales. Un día después del incidente, el sargento Tapia murió, el 8 de enero, en el Centro Médico de Tucson.
El sargento Tapia, padre de tres niños pequeños y residente de Tumacacori, murió mientras se le practicaba una cirugía a la mañana siguiente.
El sargento Tapia había detenido al auto sospechoso cerca del 850 East Grand Avenue, pero el hombre salió y rápidamente se dirigió hacia la cajuela del auto. El oficial corrió tras él tratando de detenerlo, pero el sospechoso se volvió y le disparó al sargento Tapia. Otro oficial que se encontraba en la escena abrió fuego y dio muerte al sospechoso. Después del tiroteo se descubrió que el Sargento Tapia estaba desarmado ya que inadvertidamente había dejado su arma de servicio en su vehículo.
Tapia perdió la vida tratando de proteger a la comunidad, y 28 años después, lo recordamos como un hombre valeroso, tranquilo y como un policía honesto…
Y diez años después, de la heroica muerte del Sargento Tapia, Arizona volvió a ser sacudida por otro hecho sangriento; el tiroteo ocurrido en Tucson el 8 de enero de 2011, cuando la representante federal Gabby Giffords y 18 personas más fueron balaceadas en el estacionamiento de un supermercado Subway en un suburbio de Tucson.
El atentado cobró seis vidas valiosas: la del jefe del Tribunal Federal de Distrito, juez John Roll, Gabriel “Gabe” Zimmerman uno de los asistentes de la representante Giffords; la niña de nueve años Christina Taylor Green y los ciudadanos Dorothy Morris, Dorwan Stoddard y Phyllis Schneck, quienes asistían a la fundación del grupo “Congress on Your Corner” (El Congreso en tu Esquina).
El desequilibrado Lee Loughner sacó una pistola y disparó en la cabeza de la congresista, para luego descargar su arma contra la multitud. La congresista Giffords, quien representaba al Octavo Distrito Congresional de Arizona, era el objetivo del criminal; y muy cerca estuvo de conseguir su objetivo.
Dos sucesos que no debemos olvidar, aunque recordarlos no resulte nada gratificante.
Y muy lejos está llegando el capricho del Presidente Donald Trump de forzar el cierre del gobierno porque los congresistas no autorizaron el presupuesto multimillonario para construir su ‘Gran Muralla’… La Asociación Nacional de Gobernadores, en la que participan importantes líderes de ambos partidos este martes solicitó al presidente y al Congreso, hacer de lado sus diferencias y terminar con el cierre de gobierno, que si bien al multimillonario presidente no afecta, al menos en lo único que realmente parece dolerle: su bolsillo; si está afectando a millones de estadounidenses, a millares de empleados federales que permanecen sin cobrar sus sueldos y desde luego para la economía de la nación. “Es imperativo que vuelvan a abrir el gobierno ahora y, luego, que recorran el camino para encontrar una solución que ponga fin al actual callejón sin salida”, solicitaron los gobernadores en la carta, firmada por el presidente y vicepresidente de la Asociación, Steve Bullock (demócrata) y Larry Hogan (republicano); quienes representan a los 55 gobernadores de los estados y territorios de los Estados Unidos de Norte América…
Según los gobernadores, el cierre parcial de gobierno afecta a “nueve departamentos federales y docenas de pequeñas agencias con los que la administración de cada estado coopera a diario”. Además mencionaron que “aproximadamente 800.000 trabajadores federales trabajan sin cobrar o están suspendidos”. Mientras tanto el presidente sigue fijando sus esfuerzos en satanizar a los inmigrantes y convertir a la frontera con México en caldo de cultivo para una tragedia internacional… Y ¿este es el mandatario que hacía campaña clamando que “Los Estados Unidos primero, y que volvería a hacer de la Nación la más poderosa del mundo? ¡Qué vergüenza! ¡Y dígalo, que yo lo dije!