¡Y dígalo, que yo lo dije!

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No pasa un día sin que las autoridades reporten por lo menos un tiroteo, la mayoría con víctimas fatales, algunos sólo con heridos que logran sobrevivir, en contados casos, no pasa de un susto que deja aterrados a quienes lo viven, y en la comunidad, solo la certeza de que vivimos momentos tan violentos, que la muerte puede estar acechando en cada esquina, en el trabajo, en casa, en los templos, en las escuelas, o en las calles y autopistas.
La causa principal del peligroso incremento de la violencia, radica en la cantidad de armas que existen en las calles, la mayoría fuera de toda regulación y un alto porcentaje en manos de personas sin escrúpulos, dedicadas a actividades delictivas, o simplemente carentes del criterio y sentido de responsabilidad para utilizarlas sólo en legítima defensa y en situaciones extremas. La pólvora se está quemando en las calles, hasta porque alguien rebasó a un auto, o porque algún otro habló fuerte o en un tono alterado. Lo peor es que el homicidio se está volviendo parte de la cotidianidad y nos estamos volviendo impermeables, insensibles, desinteresados; sin pensar en que la próxima víctima puede ser usted, o alguien de su familia.
Arizona se encuentra entre los estados con mayor porcentaje de violencia fatal, y el área conurbada de Phoenix, seguida de la ciudad de Tucson, en los centros urbanos con mayor índice de homicidios. Uno de pregunta: quién es el responsable de esto: el crimen organizado, las autoridades policiacas por negligencia, la Asociación Nacional del Rifle, o ciertos estratos sociales y étnicos como incluso ha asegurado el presidente electo. No, ninguno de los casos es válido.
En Arizona existen numerosas tiendas dedicadas a la venta de armas, grandes tiendas especializadas en actividades al aire libre, pequeñas tiendas en los barrios, tiendas de empeño y la venta de armas en las calles, al margen de todo control. Sujetos que desesperados por una dosis, -vaya usted a saber de qué porquería-, negocían a precios ridículos toda clase de armas, casi siempre robadas o como suelen decirles: ‘calientes’, porque ya cobraron alguna vida.
La principal causa por la que es muy fácil hacerse de armas en Arizona, es por lo flexible de las leyes que las regulan. Las Leyes de Arizona solamente niegan el derecho a tener o comprar un arma a los menores de 21 años, a menos que estén en el ejército; algo que se pasa por alto con demasía, si recordamos que en los incidentes que involucran armas, un porcentaje alto de sospechosos son de edades entre 15 y 18 años. No ser ciudadano de los Estados Unidos, otro requisito que se pasa por alto constantemente, si tenemos a consideración que muchos de los crímenes son cometidos por extranjeros sin siquiera residencia permanente o temporal. Haber sido declarado por una corte como peligroso para sí mismo o para los demás, o enfermo mental, y la experiencia apunta decenas de casos en que personas previamente declaradas peligrosas por la corte, cometen homicidios. Haber sido condenado por un delito grave o una ofensa de violencia doméstica, cuando una mayoría de quienes cometen homicidios son personas con ese tipo de antecedentes. Ser un indocumentado o un turista, otro apartado que no se cumple. Cualquiera de estos puntos hacen ilegal poseer un arma; lo que solo nos provee la certeza de que la mayoría de las armas que andan en las calles son ilegales.
Si hemos de encontrar un responsable de esta situación que tantas vidas cuesta, tantas familias enluta y que deja a nuestra sociedad en un ambiente de temor e inseguridad constantes, los principales responsables son los encargados de generar leyes que controlen la distribución, venta y posesión de armas.
Bajo esa premisa, los culpables directos del clima de violencia que se vive en Arizona son los Representantes y Senadores estatales, que no cumplen la responsabilidad para la que han sido electos, que tiene entre sus principales puntos la seguridad ciudadana. Esos caballeros que se reúnen para discutir, regularmente nimiedades pero que no se comprometen en lo que debería ser su principal compromiso. Que se hacen de la vista gorda a cambio de pasar el rato agradable con las comilongas que desde que inicia el periodo de sesiones, les ofrecen los cabilderos y vaya usted a saber que ocurra bajo sus escritorios. Solo ellos y los cabilderos de la Asociación Nacional del Rifle, de la industria armamentística y del mercado de las armas, conocen sus verdaderos ‘motivos’.
Pero usted, amigo lector, cada vez que se entere de un homicidio, un asalto a mano armada, o cualquier crimen que involucre disparos, piense si su representante estatal o senador, ha hecho algo por evitarlo endureciendo las leyes contra el negocio y la posesión de armas; y entonces se dará cuenta quienes son los verdaderos culpables de esta situación que estamos viviendo en Arizona: los legisladores estatales. ¡Y dígalo, que yo lo dije!