El programa de John Oliver ‘Last Week Tonight’ que se transmitió el domingo siguiente al día de la elección en la que Donald Trump resultó vencedor, el presentador hizo un llamado a no normalizar la presidencia de Trump y a estructurar un organismo de resistencia, apoyando con donaciones a las organizaciones de la sociedad civil que defienden derechos reproductivos, ambientales, de migrantes, refugiados y de la comunidad LGBTI. También hizo una pública sugerencia de suscribirse a los medios dedicados a la investigación periodística como Washington Post y New York Times, para contrarrestar las amenazas que el nuevo presidente hizo durante su campaña, en contra de la libertad de expresión.
Y las sugerencias de Oliver dieron en el blanco: El Fondo para el Periodismo de Investigación (FIJ) vio multiplicarse por tres su número de donadores, ‘The Atlantic’ elevó su tasa de suscriptores en un 160 por ciento, ‘New York Times’ reportó 41.000 nuevas suscripciones y las donaciones a Pro-Publica también se dispararon; representando un alivio para dichas empresas periodísticas de investigación a las que Trump amenazó con la creación de nuevas ‘Leyes de Difamación’, las cuales dijo que impulsaría, pasando por alto la primera enmienda constitucional que prohíbe cualquier modificación a las leyes que atente contra la libertad de expresión y la Libertad de prensa.
Estamos muy cerca de la toma de posesión del nuevo presidente, quien contará con el apoyo de ambas cámaras legislativas, lo que abre su abanico de opciones y le coloca en condición de poder cumplir sus amenazas contra la libertad de expresión y la defensa de los derechos, así como la posible desaparición de muchas organizaciones que defienden y protegen a la comunidad, mediante el estrangulamiento económico. Un nuevo concepto político del cual no podemos siquiera evaluar su dirección y sus estrategias, está por iniciar y no debe agarrarnos con las manos en los bolsillos. Es tiempo de unidad, de resistencia, de construir una barrera contra las acciones retrogradas que se avizoran en el futuro inmediato.
La semana anterior, marcábamos en este espacio, que uno de los más graves problemas al que tiene que enfrentar nuestro tiempo, es el del exceso de armas que amenazan la seguridad y la vida en las calles citadinas; la falta de control en su venta y posesión, debido a que las leyes estatales parecen estar diseñadas para proteger el negocio de la muerte, con un evidente desprecio por la vida humana y por las ganancias de los comerciantes de armas y las empresas de deportes al aire libre, las cuales cada año destacan cantidades importantes para financiar el cabildeo y asegurarse de contar con el respaldo de los legisladores.
Decíamos que sí existen culpables de la falta de control y el exceso de armas que violentan las calles y siembran muerte, día con día, en nuestro estado. Y el culpable no es la policía, ni las corporaciones encargadas de mantener el orden, pues para ellos mismos existe un torbellino de violencia que no pocas veces los envuelve y los convierte en víctimas.
Si hay que señalar un responsable del clima de violencia que se vive, cuando cualquier mozalbete, vándalo o pandillero, tiene a su alcance armas de cualquier calibre y cantidades de parque como si estuviéramos en medio de una guerra. Esos responsables son los legisladores. Los senadores y representantes estatales que se niegan a legislar para crear nuevas leyes que regulen y limiten las armas callejeras que están cobrando vidas humanas a diario, y que representan una amenaza de muerte para cada ciudadano de Arizona y para sus familias, así como una amenaza contra la propiedad y la tranquilidad social.
Cada hombre que cae víctima de los constantes tiroteos en las calles de Arizona, cada familia que sufre el luto y el dolor por esas víctimas, es un dedo que apunta envuelto en llamas a los legisladores y les grita: ¡Ustedes son los responsables! ¡Ustedes han facilitado el acceso a las armas de fuego para quienes no tienen respeto por la vida!
Es tiempo de que hagamos oír voces de rechazo contra la violencia y contra aquellos que la cobijan y defienden, dejando a la población civil que representan en peligro de muerte.
Señores legisladores de Arizona. Es tiempo de legislar por la vida, por la seguridad, por la tranquilidad del pueblo, aunque los cabilderos de las armas y de la Asociación Nacional del Rifle no les favorezca. Es tiempo de cumplir con su deber y crear leyes que en verdad controlen las armas callejeras y las quiten de manos de aquellos que sin razón y sin conciencia, jalan del gatillo. ¡Y dígalo, que yo lo dije!